miércoles, 30 de mayo de 2012

Consejos quijotescos para la vida


Haz gala Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores;
porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; 
y préciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio. 


Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida, con los ignorantes
que presumen de agudos.
Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.
Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico,
como por entre los sollozos e importunidades del pobre.


Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo tuyo, 
aparta las mientes de su injuria, y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, 
las más de las veces serán sin remedio, y si le tuvieren, 
será a costa de tu crédito y aún de tu hacienda.
Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas,
y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, 
si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.


Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, 
pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones,al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y, en todo cuanto fuere de tu parte,sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los tributos de Dios todos son iguales, 
más resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justicia.
Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna,tus premios colmados, tu felicidad indecible; casarás tus hijos como quisieres; títulos tendrán éllos y tus nietos; vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y, en los últimos pasos de la vida, te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos. 


Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu alma.



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