domingo, 8 de julio de 2012

Vivan los hombres absurdos



Ocho o diez días después de la
República me encontré con un conocido en la calle de Alcalá:


—¿Qué anda usted haciendo? —me dijo.
—He salido a tomar los billetes para el tren.
—Pero, ¿cómo? ¿Se va usted?
—Sí; me voy al pueblo, como todos los años.
—¿Pero no se va usted a presentar al Gobierno?
—¡Yo al Gobierno! ¿Para qué?
—¿Pero no es usted republicano?
—Muy poco republicano.
—¿Pues Qué es usted? ¿Monárquico?
—No. Hasta ahora he sido de los del individuo contra el Estado. Después no sé... —Pues yo
creía que era usted republicano y hasta que le darían un cargo.
—¿Y por qué?¿ Si yo no he hecho nada para traer la República?
—Ni nadie. La República ha venido sola.
—Bien. Seguramente hay gente que cree que puede hacer algo útil en un Ministerio de director o de empleado. Yo no creo en la política ni en los Gobiernos. Para mí un político es un retórico, a quien no hay que tener en cuenta, y el Gobierno que no haga nada es el mejor.
—Veo que es usted un hombre absurdo.
Y el señor conocido se alejó de mí un tanto indignado.


Pío Baroja "comunistas,judíos y demás ralea"

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