viernes, 31 de agosto de 2012

Tinta para criminales y putas...


 La editorial Errata Naturae acaba de lanzar esta curiosa compilación de ensayos, publicados en 1881 y 1899 en Francia con los títulos Les tatouages: étude anthropologique et médico-légale y Du tatouage chez les Prostituées. Los traduce María Lomeña y están ilustrados por David Sánchez, premio al Autor Revelación del Salón Internacional del Comic de Barcelona en 2011. Un libro de esos para leer en tardes canallas, sin más pretensión que decidir si lo próximo que adorne tu brazo va a ser un “amor de madre” o un corazón de espinas. Entre medias, descubrirás mucho de la otra Francia del s. XIX, violenta y nada burguesa.


Una elegante crónica de la mala vida de asesinos, ladrones y prostitutas: hombres y mujeres que utilizaron el tatuaje para dejar constancia de sus crímenes, sus anhelos y sus pérdidas. Este libro lo pueblan criminales y prostitutas de finales del siglo XIX o comienzos del XX, hombres y mujeres de los que apenas se conoce el nombre, unas pocas peripecias vitales… y sus tatuajes. Individuos sin apenas historia, como tantos otros. Y, sin embargo, aquí están: probablemente escribiesen pocas palabras, pero las que quisieron escribirse en la piel, indelebles, han llegado hasta nosotros, cien años más tarde. Provienen de todo tipo de archivos y por primera vez se recopilan en este libro a través de decenas de imágenes originales. 

Los hombres o mujeres que portaban estos tatuajes fueron integrados por la ciencia decimonónica en una nueva categoría: el individuo peligroso. Así, eran enviados aquí o allá, a cumplir el servicio militar o a formarse en algún taller elegido por sus padres; o bien eran encerrados en cárceles y asilos, hospitales y reformatorios, colonias penitenciarias y agrícolas… Se les permitió tomar pocas decisiones, pero las que tomaron fueron simbolizadas de forma permanente a través de estos grabados en sus cuerpos. En consecuencia fueron considerados aún más reprobables, pues por entonces tatuarse era, no lo olvidemos, «una costumbre bárbara». 

Los tatuajes que se pueden ver en este libro son casi siempre simples, torpes, se parecen poco a los que cualquiera puede hacerse hoy en día. Sin embargo, gozan de un encanto singular y extraordinario. Responden tanto al impulso como a las necesidades del imperio de los sentimientos. Y, ante todo, son la puerta de entrada a unas vidas lejanas y violentas cuyos fragmentos se cosen en estas páginas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario