lunes, 31 de diciembre de 2012

domingo, 30 de diciembre de 2012

sábado, 29 de diciembre de 2012

Sagradamente humano...



A veces mi hija me mira muy quieta, en silencio, y entonces yo noto que todo se detiene. No hacen falta las palabras. Hay una conexión más allá del tiempo y de lo concebible. Hay milenios de vida uniéndose en nuestras expresiones. Genes que siguen activos desde el inicio de todos los inicios, que han visto las glorias y miserias del mundo a través de las generaciones. Y que se encuentran de nuevo.

Es un milagro que ocurre cada vez que padres e hijos se miran de verdad. Solo hay que saber apreciarlo en toda su dimensión.

Me asomo al balcón de una pequeña pupila verde oscura y veo que se agranda con la curiosidad, que quiere captarlo todo, que desea recibir el amor del mundo, que centellea con una expresión de inocencia que ilumina cualquier oscuridad.

En los ojos de mi hija, que son los ojos de los niños del mundo, veo el espejo del que fuimos expulsados a través de convencionalismos y aceptaciones contrarias a la esencia de la vida. Ruedas de molino, cada vez más grandes, llenas de demagogia políticamente correcta, que nos hacen tragar. Quizá por eso, por ir aceptando esas normas mezquinas e irreales que interesan a algunos pero que no potencian la verdad del alma humana, su mirada no se parece ya a la nuestra. Y nunca se parecerá. Porque hay algo en esos ojos que nos reconcilia con el eco lejano de lo que un día fuimos. Con lo mejor de nuestra especie. Con el deseo de SER.

Y el deseo de SER es sagrado. Desde el principio. Ir en contra es colocarse donde tantos se colocan. Donde yo nunca querré estar.

En esos ojos percibo el destello de la única verdad en la que creo. El culto a la vida. Al derecho a ser feliz. Al derecho a recibir amor.

Algo tan simple como eso. Algo tan eterno como eso.

Por eso confieso haber llorado esta noche. Confieso haber sentido el dolor de cada una de mis células. Confieso haber sido atravesado por pesadillas interminables en las que imaginaba la última mirada de una niña de dieciséis meses en su oscura noche de los inocentes.

El contraste es poderoso y significativo, la luz y las sombras. Regresaba de una maravillosa actuación del Circo del Sol. Una vez más, maravillado con la creatividad. Empequeñecido por el arte de otros. Fascinado ante una nueva expresión del talento humano. Talento que siempre es esperanza. Pero al llegar a casa, en la noche, la noticia. Como un puñal.

Cuando uno es padre, cuando uno ama de forma que nunca hubiese imaginado, cuando uno se alinea con lo que significa la pulsión de la vida, un suceso como el de ayer es un mazazo tan profundo se nota físicamente el vibrar de la sangre. Ya nada se ve igual. Nada se siente igual. Se ha obrado el misterio de la vida en uno mismo.

Esto era vivir. Esto era sentir. Esto era doler.

No era mi hija, pero era hija de la vida. No era vuestra hija, pero lo sentís, padres y madres, porque tenía ese derecho a ser feliz.

Y un miserable se lo ha quitado. Un maldito le ha arrancado de cuajo su oportunidad de ser. A pesar de que esa niña, seguro, le miró con las pupilas muy grandes por última vez. No podía ser de otro modo. El miedo, el terror a los dieciséis meses. Sin su madre. Sin nadie.

Por desgracia hay infraseres, guiados por otras pulsiones que nada tienen que ver con la vida, que no se detienen ni ante eso. Ni ante la mirada más paralizante que nadie pueda imaginar en el mundo. No se paran ni ante algo que solo puede inspirar amor y verdadera compasión.

Y esos monstruos, dicen, son como nosotros. Como los demás. Todos somos iguales, amigos. Vaya rueda de molino. La más grande de la Historia. El bien y el mal igualados. A eso vamos poco a poco. Con ira no se arregla nada, farfullan algunos sabios. Ese es el nuevo credo. La nueva ley. Pobrecitos. Derechos para los que hacen el mal más inconcebible, dicen. Compasión, pero sobre todo para el verdugo miserable, claman otros sin que se les caiga la cara de vergüenza.

Es el sistema lobotomizador y alienante en marcha. Y contra ese nadie parece alzarse. O muy pocos. Lo correcto, lo aceptado, eso es lo único que vale. Es el democrático sometimiento global.

De la horrenda noticia, del hecho que hace trizas mi alma ahora mismo, se olvidará una gran parte de la sociedad. Llegarán los goles, el affaire de un famoso, el nuevo móvil, el chiste por internet o incluso, por qué no decirlo, el caso de miedo espeluznante que algunos esperan por la radio. Y todo, incluida la última mirada de vida de una niña en la oscuridad de las sierras de Almería, pasará. Pasará porque hay que vivir muy deprisa y no hay sitio para todo lo novedoso. Y además, reflexionar sobre lo que pasa y cómo permitimos que pase, y los sistemas que fallan para que pase, sería demasiado grave.

De lo que no se olvidará la sociedad es de pagar sus tributos, de obedecer. De pagar hasta la comida de la sanguijuela que ha arrancado la vida de una niña de 16 meses en la noche de los inocentes.

De eso no nos olvidaremos, seguro. O pagaremos nosotros. Que los inocentes pagamos más. Siempre.

Y mientras escribo esto, como nunca antes, percibo que mis manos se arquean y se vuelven garras. Que a mi pesar, que a pesar de mi inicial intento de racionalizar y controlar algo que bulle en mi, eso se despierta creciendo y proyectándose desde algún hueco del alma; allí donde moran las cosas auténticas y esenciales de lo Humano. Esas que nos obligan a ocultar esta panda de modeladores sociales. Estos nuevos credos. Estos generadores de opinión. Estos que yo detesto. Estos ante quienes me rebelo sean quienes sean. Estos que están minando lo que de verdad importa, pontificando con una lejanía, con una falta de empatía, que me espanta.

El dolor es tan profundo que eso mismo que miles de personas han sentido en cada rincón de España, esa tristeza primitiva y por tanto más verdadera que ninguna, esa rasgadura en el corazón, parece que cobra forma y se une, se densifica como un egregor antiguo y poderoso. Lo notamos esta mañana. Lo notáis.

Esa corriente va más allá de la indignación y las palabras. Esa fuerza es anterior al lenguaje, las normas y las leyes. Esa cosa esencialmente humana y feroz, pide justicia. Esa energía que han sentido ancianos, padres, madres, jóvenes y seguramente muchos niños, da mucho miedo a los poderosos. Nos hablarán de irracionalidad. De control. De dejar que las leyes hagan lo que tienen que hacer. Y que nos olvidemos, claro. Que sigamos en el redil. Que nos preocupemos de las siguientes noticias que hay muchas. De las palabras de pésame políticamente correcto. Del camino a seguir para no ser marcado. De la compasión, de los derechos del delincuente. De que hay que proteger a los que obran mal. Y a lo mejor, con un poco de suerte, nos lo volvemos a cruzar por ahí. Es lo que tiene el sistema. Qué maravilla. Oportunidades para todos.

Menos para la niña.

Ya nos sabemos la retahila. De sobra y de memoria. Ya sabemos que cuando esa indignación se une, con un sentido de dolor ante la injusticia, enseguida intentará ser sofocada. Hay ejemplos. Como cuando hace quince años la gente se indignó de verdad; pero no por recortes, trabajos, leyes, despidos, cuando se indignó e inundó las calles en una marea interminable, sin consignas ni banderas, porque iban a matar a un inocente. Entonces salió lo profundo del ser humano, insobornable, real. Verdadero e incontrolable. Tanto que aquello no interesó a nadie. A nadie de los tejedores de las realidades sociales, claro. La verdad en el corazón de la gente es contraria a los intereses de quienes diseñan el mundo. Entonces, como ocurrirá ahora, muchos corrieron a sofocar con el extintor del alucinante buenismo. Con palabras aprendidas y vacías. Con códigos de conducta para que nadie sea totalmente libre y cada ser tenga miedo de expresar lo que siente. Para que aceptemos sin rechistar.

En ese mundo vivimos.

Un mundo que nada tiene que ver con la mirada de un niño. La mirada inocente de un niño no merece este silencio. Este aborregamiento. Este considerar que la vida de un delincuente, alimaña abisal, vale lo mismo que la de una niña de dieciséis meses secuestrada poco antes de la noche de los inocentes.

Seguro que los que intentan reconducir todo hacia el raciocinio, hacia la comprensión, hacia el discreto olvido no vaya a ser que los sentimientos se adueñen del panorama, no han llorado como yo. No han sentido esta noche el dolor de cada célula como yo. A lo mejor no han mirado al universo de las pupilas de sus hijos como yo.

Ahora toca fijarse en otras cosas. Confiar en la ley, aseguran. Todos obedientes. Pensar en destinar parte de nuestros impuestos en pagar el sustento a seres que han cometido una abyección como esta. Reinserción, llegan a mencionar algunos. Y a callar. De lo contrario, señal, estigma, sambenito. Tú no eres racional. Tú estás fuera de lo aceptado. Tú no eres progresista. Tú no eres políticamente correcto. No se puede ir por la vida con sed de venganza.

Es la falta de empatía con la vida lo que me sorprende…La vida de una niña. Solo con esa lejanía, ronzando la psicopatía social, se puede mostrar uno frío y distante, racional, sereno, ante un hecho como el ocurrido hace unas horas. Eso pienso.

Y me asombra. Me horroriza. Me aterra. Porque lo que yo quiero es maldecir. Invocar si pudiera a los dioses más oscuros de la Humanidad y la Historia para que convirtieran en un infierno cada uno de los días de ese ser amoral, de ese desecho, que en mitad de la noche no se apiado de la mirada de una niña de 16 meses.

En ello confío. Y creo que hay una ley superior a lo humano, quizá incomprensible para nuestro entendimiento, pero que cumplirá con su parte. Inexorablemente. Porque no hay perdón ante un acto así. Porque es contranatura a un nivel que trasciende nuestras estúpidos convencionalismos.

No me da la gana evitarlo. Me sale un alarido de siglos, medio animal, que es lo que soy. Y desearía algo mucho peor que la muerte física para alguien que ha descendido hasta una atrocidad semejante. Quiero maldecir y no comprender al malvado. Quiero que se sepa maldito y no protegido. Y los buenistas, los fríos de espíritu, los que no han entendido que es incompatible la vida con los demonios humanos, porque no creen en ellos, porque nos piensan a todos iguales, que no me digan lo que debo hacer. Lo que debo pensar. Que me dejen ser libre y gritar mi dolor como aúlla el lobo a la noche. Y que ni se me acerquen con su monserga.

Porque, en definitiva, no soy de la misma raza de los que no sienten.

Ni quiero serlo.

La vida de un niño es sagrada. Entiendo que para muchos no. Porque de lo contrario sería imposible que nos intenten enfriar ante un hecho así. Que acudiesen a no sé que tratados y que dictámenes para respondernos con frases hechas. Para que no sientan lo que yo siento.

Por estas cosas, y por otras muchas, uno empieza a no comprender el mundo en el que vive. Un mundo donde hay belleza, creatividad. Pero al mismo tiempo un mundo oscuro donde pasa todo esto. Y donde las reacciones casi espantan tanto como los hechos. Un mundo donde abundan los desalmados. Y no solo entre los asesinos. Quizá por eso a esta sociedad adormecida, temerosa, encarcelada en lo políticamente correcto, le han ido minando, quitando sus cotas de autenticidad y de esencia. Ella se ha dejado. Nos hemos dejado.

Solamente así se puede entender que se mate impunemente a niños que aún no han nacido. Y que casi nadie diga nada. Y que se tenga miedo a decir.

Solo así se entiende el horror de este ser humano que ha llegado a proteger al que mata a un niño y a aniquilar industrial y sistemáticamente al inocente que quiere llegar a vivir.
Nunca lo he entendido. Ahora menos que nunca. Y por eso lo grito.

La muerte de esta niña es un enorme fracaso de nuestro sistema, de nuestra forma de vivir. De nuestra forma de protegernos ante el mal. De nuestra idea de lo justo y de lo abominable. Y no sé si hay esperanza para que un día esto cambie. Y confieso además que no sé exactamente por donde habría que empezar a cambiar. Tendremos que hacer el esfuerzo de llamar las cosas por su nombre. Y de solicitar que se proteja el bien y se acabe con el mal. Sin miramientos. Saber si queremos estar con la luz o con la sombra. Alinearnos decididamente. La vida está en juego.

Pronto cumpliré 40. He visto algunas cosas, he aprendido otras y he contado miles. Pero nada da tanto miedo como esta deshumanización creciente. Me ganaré muchos enemigos con este escrito abominable para los bienpensantes y seguidores de lo políticamente correcto. Me honra que así sea. Porque a pesar de los años, creo y quiero seguir siendo solo eso; feroz y sagradamente humano.

Iker Jiménez

viernes, 28 de diciembre de 2012

Picas y arcabuces, espadas y dagas… Valor y honra.



Van diciendo por ahí que fue en Rocroi donde perdimos la honra y el halo de imbatibilidad que lucíamos desde hacía más de un siglo. Lo dicen ellos, claro, pero no es cierto. 

La honra la perdimos nosotros solos, empujados por la avaricia, el mal gobierno, las corruptelas, las envidias, los curas fanáticos, el pueblo embrutecido y la arrogancia, la insolidaridad entre nosotros, los trapicheos y la desvergüenza.

La imbatibilidad es cosa absurda. Unas veces se gana y otras se pierde. Pero nosotros, hasta en el perder mantuvimos siempre las maneras y no hubo enemigo que nos viese las espaldas.

Si no, ¿Por qué en Rocroi se dejó marchar, a los que quedaron, con las acribilladas banderas al viento?
Semejante cosa jamás habíase visto en batalla campal. Pero claro, los franceses pintan cuadros con su piadoso general salvando a los desgraciados españoles de la degollina, y olvidan, dibujar, a los dos mil compatriotas suyos hechos filetes o a los tres mil más que se retuercen de dolor, delante, casi todos, de lo que quedaba del cuadro español…
Así que ya ven ustedes, allí perdimos la batalla, sí, pero no la honra, ni mucho menos.

Ni con todos los cañones gabachos disparando, ni con cientos de caballos encima, el Tercio daba su brazo a torcer. Y contra menos quedaban, peores zarpazos daban… Y los franceses venga hacer propuestas de rendición, y el Tercio erre que erre… ¡Qué no, coño, que no nos rendimos, pardiez!...
Y encima no pudieron tomar la plaza, que quedó en manos españolas unos pocos años más…

Fíjense como son las cosas de la guerra y de la propaganda, que lo que pasó, pocos años después, en la cercana plaza de Valenciennes, ni está recordado en cuadros en el Louvre, ni glosado con patrióticos versos por poetas y dramaturgos. Pasan la página rápido, a la posterior humillación del Tratado de los Pirineos. La única derrota de su glorioso e invicto, dicen, Vizconde de Turenne, apenas la recuerdan, ni la nombran, ni la cuentan. Un petit resbalón, dirán.

La plaza de Valenciennes está defendida por una guarnición española, pequeña, mal pagada, como todas. Olvidada. Pero dispuesta a dejarse matar hasta el último aliento. Por España y por Santiago. Como todas. O casi.

El Vizconde de Turenne que cuenta con un poderosísimo ejército, cerca la ciudad y la ataca sin contemplaciones. Dentro los de la guarnición, rezan mucho, comen poco y matan gabachos hasta que les toca el turno y mueren. Pasa un mes. Se sigue resistiendo, pero la situación es insostenible.
La guarnición está a punto de capitular, pero la mañana del dieciséis de Julio de 1656 las banderas con la buena y vieja Cruz de Borgoña, aparecen por el horizonte.
Son los Tercios de Juan José de Austria que vienen en auxilio de los sitiados. Lo que queda del antaño poderoso ejercito de Flandes. Los mismos que empezaron en Granada e Italia hace ya, tantísimo tiempo.

Picas y arcabuces, espadas y dagas… Valor y honra. Murallas y castillos humanos como los llamó algún enemigo admirado. “La mejor infantería contra la que jamás luché”, que dijo otro. Allí estaba, formados los cuadros, avanzando impasibles hacia el enemigo.

Los franceses aprestan sus cañones, preparan sus escuadrones, la infantería forma. Son más, son muchos más, pero en el ambiente flota la vieja sensación de miedo, el antiguo temor que recorría Europa entera cuando retumbaba en las tripas herejes el tambor español.

-Ya vienen François…
- Pas problem…Ancha es Francia…Para correr…

Trece años después de Rocroi, los ejércitos del Rey Católico seguían produciendo pavor a los enemigos de España. Herida de muerte, apuñalada una y otra vez, con saña, nuestra patria por la Europa entera, todavía alzábamos las garras para asestar zarpazos demoledores.

Como aquella mañana en los campos junto al Escalda, el gran río que iría ya para siempre unido a España. Como el Mosa, como el Rin…
Juan José de Austria, espolea a su caballo y encabeza una carga contra las filas del señor de La Ferté, segundo al mando francés.

La vieja fuerza le acompaña y arrollan a los franceses y degollan a los artilleros y llegan hasta la orilla del río matando sin cuartel. Los que quedan vivos huyen, corren, vuelan, perseguidos por los jinetes.
Ferté y sus oficiales nada pueden hacer para parar la estampida. Solamente pueden rendirse si quieren salvar la vida. Y se rinden. Abaten sus espadas como Francisco I en Pavía.

Turenne nada puede hacer por ayudarle. Bastante tiene con aguantar lo que se le ha venido encima. La guardia vieja, el núcleo duro, el alma del ejército imperial. Los Tercios Viejos españoles y sus afamados, certeros y fríos como el hielo, arcabuceros.

Al Vizconde no le queda más remedio que replegarse. Es decir, se une a la masa de dos mil soldados que han arrojado las armas y huyen en desbandada. Con el rabo entre las piernas.

Mientras corre escucha los gritos de victoria de los españoles. El Santiago ése y la madre que lo parió. Nos hemos comportado igualito, igualito que ellos en Rocroi, piensa mientras corre y mira atrás rojo de vergüenza.


Y así el dieciséis de Julio de 1656 los Tercios de España relumbraron otra vez sobre los campos de Europa. Y nadie pintó cuadros, ni nadie lo recuerda.

Llegados al final de un camino, empobrecidos, los campos yermos y abandonados, la gente mísera y miserable, el país vacío, sangrado por guerras y pestes.

Pero muriendo de pie, como lo que siempre fuimos. Vencidos, sí, pero no doblegados. Derrotados más por nosotros mismos más que por nuestros enemigos.

Trece años después de Rocroi, la bandera de La Cruz de San Andrés volvió a vencer en el campo de batalla. Acribillada, rota y tinta en la sangre de los abanderados muertos.
Los herejes temblaron, Europa contuvo el aliento.

Éstos… Capaces son de empezar de nuevo… Reconquistar Flandes y armarla parda… ¿No echaron a los moros?... Menos mal, amigo François, que el rey se muere y el hijo es más tonto que palote… Con un buen rey, a saber estos españoles donde hubiesen llegado….

jueves, 27 de diciembre de 2012

Porno "antinazi" en la RHF nº27...



Un subgénero cinematográfico
De la pornografía antinazi a las novelas “stalag”

Desde principios de los años 60 hasta finales de los años 70, en apenas veinte años se filmaron no menos de cincuenta películas cuya temática común era lo que podríamos llamar la “pornografía anti–nazi”. En este género podía englobarse desde Saló o los 120 días de Sodoma, hasta Ilse, la loba de las SS, empezando por Portero de Noche hasta Salón Kitty, pasando por Las largas noches de la Gestapo y llegando a la viscontiniana La caída de los dioses. Se trató de un subgénero, como puede verse de calidad y contenidos muy variados, asumido incluso por directores ciertamente notables en la historia del cine y situado a medio camino entre la pornografía sadomasoquista (aunque la temática no era exactamente esa) y el cine erótico (a cuyo nivel tampoco llegaba a causa de lo tosco y, frecuentemente, desagradable, de las escenas de sexo). Lo sorprendente no es, sin embargo, esto, sino el hecho de que este subgénero tuviera su origen precisamente en comics populares ideados y distribuidos en el Estado de Israel durante los primeros años 60 y que causara verdadero furor entre las masas de aquel país. La intención de este artículo es bucear en los orígenes de este subgénero, pasar revista a los directores de primera fila que se aproximaron a él e insertarlas en su contexto histórico.

Otros contenidos del nº XXVII de RHF son:

-Fascismo español
Partido Nacionalista Español (II e II)
Albiñana y el paleofascismo español

-Neo-fascismo
1960-1964: el CABDA a Jeune Europ (II de II)
La aventura paneuropea del neofascismo

-Neo-fascismo
Los “carteles pro-chinos.
En el principio del maoísmo estuvo el neo-fascismo…

-Cultura
Con Céline en la noche oscura
Quizás la mejor novela del siglo XX

-Antisemitismo
Cuando Francia era antisemita
1880-1906: “antisemitismo popular” (I de II)


Pedidos: eminves@gmail.com.Precio venta al público: 18,00 euros + 3,00 euros de gastos de envío (precios para España, resto mundo, consultar)

2 de Enero...Granada


lunes, 24 de diciembre de 2012

viernes, 21 de diciembre de 2012

Pasando a la acción


El mundo no acabó...(el mañana nos pertenece)


Hoy día 21, llegaba el día del fin que habían anunciado los antiguos mayas, y lejos de cumplirse la catastrófica profecía, hoy hizo un buen día a pesar de la fría estación.

Hoy el mundo no ha acabado, ni los políticos como el Ministro Wert, y desde Respuesta Estudiantil llamamos públicamente a todos nuestros afiliados y simpatizantes a acabar con ellos, con todos esos políticos y gobernantes que nos han subido las tasas en la universidad mientras reducían el presupuesto de las mismas; aquellos que cambian los planes de estudio según sus ideologías, sin atender lo que favorece a los estudiantes, sólo sus intereses personales y financieros; aquellos que suben los impuestos en algo tan básico como es la cultura... están acabando con nuestro futuro y dado que el mundo no se ha acabado hoy viernes 21, os animamos a acabar con ellos, con esos felones que no sólo nos han dejado sin educación, sino también sin trabajo, sin sanidad y sin justicia.

Tenemos la oportunidad de luchar contra ellos, por un futuro mejor, en el que la educación tenga el lugar que se merece, como mayor bien de la nación en la que se forman y crecen sus hijos. No permitamos que acaben con nuestro futuro.

¡EL MAÑANA NOS PERTENECE!

Dedicado a los roedores que nos visitan

¡La luz frente la oscuridad!


Este día es el momento de mayor oscuridad: el sol está en su punto más bajo en los cielos, mientras que la noche es la más larga del año. Yule es uno de los puntos clave del ciclo. Tras Yule, los días empiezan a prolongarse, por lo que esta festividad se celebra tradicionalmente para convocar el retorno de la luz y de la esperanza al mundo oscuro. 

La fiesta pagana del solsticio de invierno tiene su origen en la Escandinavia precristiana. Constituía sobre todo una fiesta de la familia y estuvo siempre dedicada a la fertilidad y a la familia. Era una festividad donde también se recordaba a los ancestros, los amigos ausentes, y la mesa donde se celebraba la fiesta se preparaba con esplendor y magnificencia, ante la tumba de los parientes fallecidos y priorizando la hospitalidad hacia los forasteros.

Durante la festividad de Yule era tradicional quemar el tronco de Yule, un largo tronco de árbol que iba ardiendo lentamente durante toda la temporada de celebraciones, en honor del nacimiento del nuevo sol. De esa tradición proceden los pasteles en forma de tronco (troncos de chocolate) que hoy en día se comen en Navidades.

Los antiguos celtas creían que el árbol representaba un poder, y que ese poder protegía y ayudaba al árbol. Los bosques sagrados servían como templo a los germanos.

Para los galos, la encina era un árbol sagrado sobre el que los druidas, sacerdotes celtas guardianes de las tradiciones, recogían el muérdago siguiendo un rito sagrado.

Esta tradición, heredada a través de los siglos, sirvió de inspiración para el actual árbol de Navidad.
En la antigua Roma, en diciembre se celebraba la Saturnalia, en honor al reinado del dios Saturno sobre Roma en la Edad de Oro. En esa edad, la tierra en Roma producía abundantemente y no había guerras ni discordia.
Durante la Saturnalia se celebraban fiestas durante una semana entera, con comilonas y abundante bebida. A lo largo de esa semana se invertía el orden social: los amos servían a los esclavos, los esclavos se convertían en amos y desempeñaban altos cargos del estado.

Era tradicional intercambiarse regalos hechos en plata, aunque casi cualquier cosa podía servir de regalo para la ocasión.

La fiesta también era una celebración del fin de las tinieblas y el comienzo de un nuevo año. Aquí puedes ver un fragmento de las palabras que la sacerdotisa pronunciaba para el rito de la Saturnalia:

“Esta es la noche del solsticio, la noche más larga del año. Ahora las tinieblas triunfan y aún así todavía queda un poco de luz. La respiración de la naturaleza está suspendida, todo espera, todo duerme. El Rey Oscuro vive en cada pequeña luz. Nosotros esperamos al alba cuando la Gran Madre dará nuevamente a luz al sol, con la promesa de una nueva primavera. Así es el movimiento eterno, donde el tiempo nunca se detiene, en un círculo que lo envuelve todo. Giramos la rueda para sujetar la luz. Llamamos al sol del vientre de la noche. Así sea.”

miércoles, 19 de diciembre de 2012

En breve,nuestro regalo...

En colaboración con Zentropa Iberia en unos dias podréis deleitaros con una nueva recopilación de música alternativa (en concreto el segundo volumen) que podréis descargaros gratuitamente en nuestro blog y en las webs y tumblr´s de las distintas asociaciones que conforman "El Clan",asi que esperamos que sea del agrado de todos y que tengáis recopilado en este volumen la banda sonora de estas navidades,es nuestro humilde regalo en tiempos de crisis...

¡estad atentos!

domingo, 2 de diciembre de 2012

Nos tomamos un tiempo

...pero volveremos.De momento colaboraremos en lo que buenamente podamos con Zentropa Iberia movimiento al que desde aquí animamos a que le echéis un ojo y colaboréis en la medida de vuestras posibilidades.

HASTA PRONTO

¿Progreso?


Todos, desde el liberal más o menos avanzado al comunista más o menos atrasado, creen visceralmente en el progreso, están íntimamente convencidos de vivir una era de progreso e, incluso, del progreso definitivo. Se ven toda clase de fenómenos sociales que, a través de la historia, han caracterizado siempre la agonía de los pueblos y las culturas. Desde el feminismo al fulgurante ascenso social de los histriones y de la gente del espectáculo, de la disgregación de las células sociales tradicionales (para nosotros, la familia), a las tentativas efímeras, siempre repetidas, de remplazarlas por, no se sabe qué colectivos, del universalismo masoquista a la demolición de toda norma social obligatoria para el individuo. Se ha llegado a la más absoluta incapacidad para aprender las lecciones de la historia, lo que a veces lleva a pensar que la historia carece de sentido.

Giorgio Locchi.

Mago de Oz - "molinos de viento"



Si acaso tu no ves
Mas allá de tu nariz
Y no oyes a una flor reír
Si no puedes hablar
Sin tener que oír tu voz
Utilizando el corazón

Amigo Sancho escúchame,
No todo tiene aquí un porqué
Un camino lo hacen los pies
Hay un mundo por descubrir
Y una vida que arrancar de arrancar
De brazos del guión final

A veces siento al despertar
Que el sueño es la realidad

Bebe, danza, sueña
Siente que el viento
Ha sido echo para ti
Vive, escucha y habla
Usando para ello
el corazón

Siente que la lluvia
Besa tu cara
Cuando haces el amor
Grita con el alma
Grita tan alto
Que de tu vida, tu seas
Amigo el único actor

Sí acaso tu opinión
Cabe en un sí o un no
Y no sabes rectificar
Si puedes definir
el odio o el amor
Amigo que desilusión

No todo es blanco,
O negro: es gris
Todo depende del matiz,
Busca y aprende a distinguir
La luna puede calentar
Y el sol tus noches acunar
Los arboles mueren de pie.

He visto un manantial llorar
Al ver sus aguas ir al mar

sábado, 1 de diciembre de 2012