jueves, 7 de febrero de 2013

Tradicionalistas,no anticuarios.

Somos tradicionalistas. Creemos que el mal principal de los tiempos modernos es su falta de valores y su falta de continuidad con nuestro pasado histórico, lo cual nos ha convertido en entes ciegos a la deriva, sin modelos excelsos que seguir, como náufragos que han perdido el auspicio de la estrella polar.
Creemos por ello, que la restauración espiritual de Iberia y Europa es una prioridad política, la gran prioridad política si se nos permite, pues precisamente aquí se haya la génesis de gran parte de aquellos problemas que atenazan a nuestra sagrada tierra. Dicha restauración, para que sea duradera y efectiva, no puede ser nunca un producto ex-novo, sino que esta tiene que guardar consonancia con nuestro pasado y nuestra psique colectiva como pueblo. De allí y no de otro lado, surge nuestro tradicionalismo, por lo cual se puede hablar sin rubor de un tradicionalismo práctico, un tradicionalismo que mira hacia el futuro, hacia nuestro futuro, un tradicionalismo despojado de nostalgia, de pesimismo y de conservadurismos varios.
Por eso somos tradicionalistas y no anticuarios, no nos tienta la vetusto ni creemos en la legitimidad intrínseca de lo arcaico, sólo nos interesa aquello que es bueno en si mismo, aquello de lo que podemos extraer valiosas enseñanzas analizando siempre con ojo crítico, y que nos pueda aportar algo, aquello que en definitiva, nos ayude a avanzar y a estar cada vez más cerca de nuestro soñado Elíseo, el de una Europa unida y prospera bajo los principios de diversidad, socialismo e identidad.
Si en ese peregrinar hacia nuestra tierra prometida, tenemos que romper esquemas y derribar estructuras forjadas durante siglos. No nos temblará el pulso ni un segundo, pues no tememos a la ruinas siempre y cuando tengamos valores sólidos y excelsos en base a los que construir de nuevo.

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