martes, 19 de marzo de 2013

Los miserables de "telecirco"


No creo que quienes perpetran El Gran Debate, programa de griterío al que casi todo el mundo sigue llamando (y por algo será) La Noria, sepan gran cosa de toros, pero lo de "pase del desprecio" –en México lo llaman "del desdén"– es expresión que sola se alaba. Seguro que la entienden.

El torero vuelve la espalda al toro, deja caer la muleta y se larga. El pase suele darse por el pitón derecho, cosa que en el caso de Jordi González es imposible, pero algunos matadores lo dan por el izquierdo. Lo que nunca, en cambio, había sucedido, hasta la noche del sábado, es que dos matadores ejecuten esa suerte al alimón. Mi hija Ayanta y yo lo hicimos, y salió perfecta.
Víctor Hugo publicó 'Los miserables' en 1862. Pensé en recurrir a ese título al iniciar estas líneas, pero terminé desechándolo por anacrónico. No creo que ni Jordi ni la chica que lo ayuda hubiesen nacido en tan remota fecha, lo que disipa la sospecha de que el autor francés, al escribir su novela, pensara en ellos.

Llamé yo, eso sí, miserable –mi-se-ra-ble– al locutor del programa poco antes de dejarlo con un palmo de narices y reiteré la definición, ya en los pasillos, cuando me sacudía de las alpargatas la arena de un coso de quinta categoría en el que nunca debí prestarme a torear. A tal expresión, castiza a más no poder, recurren los toreros cuando deciden, por la razón que sea, que jamás de los jamases volverán a pisar el ruedo de una plaza que no los merece.
A la moza que lo ayuda, en cambio, le ahorré el adjetivo, aunque justificado estaba, porque siempre he sentido debilidad por las pibas monas. Si al nuevo Papa, según confesión propia, también le pasó, ¿por qué no va a pasarme a mí, que soy pecador de a pie? Lo de mona va sin segundas.

Verdad es, lo reconozco, y sé que a ese sofisma se agarrarán los citados cuando inicien su pataleo la próxima semana, si no antes, que he sido colaborador a salto de mata del programilla en cuestión. Cierto, cierto... Sólo cabe decir mea culpa y acogerme al propósito de enmienda sin el que no hay absolución ni del Papa ni de nadie. ¿Me servirá de descargo la evidencia de que lo hacía no por gusto, sino por el vil metal? Lo primero habría sido prueba de monstruosidad ética y estética; lo segundo, en días tan achuchados por la crisis como los que corren y con una nueva boca a mi cargo... En fin, en fin... ¿Qué les voy a contar?Por primera vez en mi vida gasto más de lo que gano.

Ayer, pese a ello, rompí con furia mi último contrato en las barbas de un redactor y un par de administrativas. Tengo ahora los trozos aquí delante y lo mismo los enmarco para que den fe de mi arrepentimiento. Me los traje por cautela, no fuera a ser –estaban ya firmados– que, a imitación de Bárcenas, me denunciasen por incumplimiento laboral. ¡Capaces serían!
-Para seguir leyendo la crítica de Sánchez-Dragó hacia T5 y su vomitivo programa "El gran debate" y ver el video en cuestión,pinchad Aquí

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