domingo, 26 de agosto de 2012

A vueltas con la Eugenesia

En 1859, Charles Darwin publica su obra Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la supervivencia de las razas favorecidas en la lucha por la vida, más conocida por su título abreviado de 1872, El origen de las especies. Aunque muchos rechazaron las conclusiones de Darwin con pasión, la influencia sobre muchos otros fue inmensa. Una de las personas que resultó profundamente impresionada por el trabajo de Darwin fue su primo, Francis Galton, que estuvo presente en el famoso debate sobre la evolución en la Universidad de Oxford el 30 de Junio de 1860.

Galton era un genio polifacético y una de esas personalidades fascinantes de la Inglaterra victoriana: era geógrafo, antropólogo, explorador, inventor, meteorólogo, psicólogo, estadístico…fundó lapsicometría y publicó más de 340 libros y artículos durante su vida.


Al leer El origen de las especies, y muy especialmente al comprender la selección natural, Galton llega a la conclusión de que la civilización moderna impide la evolución de nuestra especie: al proteger a los débiles o menos dotados se produce una “regresión hacia la mediocridad” en vez de un avance evolutivo de acuerdo con las ideas de Darwin. Sin embargo, Galton también llega a la conclusión inmediata de que este estado de cosas puede cambiarse fácilmente. En 1865 publica un artículo sobre el asunto, y en 1869 escribe un libro completo, El genio hereditario, en el que establece las bases de la eugenesia moderna (aunque el término no sería utilizado por primera vez hasta 1883, creado por el propio Galton). Lamento lo engorroso del texto, pero la época es la que es, y Galton no era precisamente un autor escueto:
"Me propongo mostrar en este libro que las capacidades naturales del hombre se obtienen por herencia, a partir de las mismas limitaciones con que lo hacen la forma y las características físicas del mundo orgánico en general. Por lo tanto, como es fácil, pese a estas limitaciones, obtener a partir de una cuidadosa selección una raza permanente de perros o caballos dotados de capacidades características para correr o hacer cualquier otra cosa, también sería bastante factible crear una raza humana altamente dotada a partir de matrimonios juiciosos a lo largo de varias generaciones consecutivas"

 Como dice Galton, la cría de animales se había basado durante milenios en favorecer características deseables a partir de la selección de animales en cada generación. Pero Galton fue el primero en tratar de fundar una ciencia que atacara el asunto de manera sistemática y racional, y específicamente centrada en los seres humanos. En Investigaciones sobre la facultad humana y su desarrollo, en 1883, utiliza por primera vez el término eugenesia, del griego “buen nacimiento”, un término que definiría más estrictamente en 1904:

Galton nunca propuso medidas de coerción para llevar a cabo sus ideas: era, entre otras cosas, un optimista. Pensaba que, al leer y comprender las obras de Darwin y las suyas propias, la gente entendería lo ventajoso de tener cuidado al elegir pareja y tener hijos: las personas con características más “ventajosas” tratarían de encontrar a otros similares para tener hijos, y aquellos con características menos ventajosas se abstendrían de procrear, no porque nadie los forzase a ello, sino porque comprenderían que sería inmoral perpetuar esas características.

Sus ideas se extendieron como la espuma a finales del siglo XIX y especialmente en la primera parte del siglo XX. Las conferencias internacionales de Eugenesia se sucedían por todas partes, y se desarrollaba la disciplina de muchas maneras: tratando de determinar qué características era conveniente extender y cuáles eliminar, y también buscando maneras de hacerlo.

Las dos maneras básicas de llevar a cabo la eugenesia durante su apogeo fueron la eugenesia positiva y la eugenesia negativa. En la primera se trataba de promover la reproducción de individuos con características “deseables”, y en la segunda de disminuir la reproducción de individuos con características “indeseables”. Es muy común hoy en día pensar en que el primer tipo no era forzado y el segundo sí, pero la realidad es algo más compleja: por ejemplo, informar a los padres de posibles defectos genéticos de sus hijos es un tipo de eugenesia negativa, pues un número determinado de ellos decidirán libremente no tener hijos.


La única manera de establecer la eugenesia en la sociedad de manera contundente era promulgar leyes que la hicieran obligatoria. Entre el cambio de siglo y la Segunda Guerra Mundial, multitud de países fueron creando leyes que establecían la eugenesia (tanto la positiva como la negativa) y forzaban su cumplimiento. Como he dicho, solemos asociar la palabra “eugenesia” con “nazismo”, pero una vez más todo lo relacionado con este asunto es bastante menos simple de lo que parece al principio: tras la Segunda Guerra Mundial prácticamente todo el mundo renegó de la eugenesia y parecería que ésta había sido un invento de Hitler, pero antes de la guerra prácticamente todo el mundo (y muchos de los que luego pondrían el grito en el cielo al oír la palabra) era partidario de ella.


A finales del siglo XIX varios estados de los Estados Unidos empezaron ya a promulgar leyes que establecían la eugenesia negativa obligatoria. En Connecticut, el primero en hacerlo, se prohibía el matrimonio de personas “epilépticas, imbéciles o retrasadas”. En breve, prácticamente todos los estados crearían leyes similares. Decenas de miles de discapacitados y enfermos mentales fueron esterilizados a la fuerza en Estados Unidos durante el siglo XX, y la cosa no se acabó hasta 1978: en total unas 65 000 personas sufrieron la esterilización forzosa en ese país, algunos de ellos sin siquiera saberlo.
La clave de la cuestión era que, para los partidarios de la eugenesia, el derecho a tener hijos no era universal. 
Los carteles son sostenidos por inmigrantes europeos: en aquella época había bastante preocupación en los Estados Unidos por la posibilidad de “contaminación genética” por personas del este y sur de Europa (italianos, polacos, etc.), y en este caso se hizo a los inmigrantes “genéticamente inadecuados” sostener carteles que no eran capaces de leer, en los que se descalificaban a sí mismos. Sí, es horrible, pero los seres humanos somos así a veces.
El cartel de la izquierda del todo, aunque difícil de leer (yo no fui capaz de hacerlo, gracias a Moko por obtener la información): “Soy una carga para mí mismo y el estado. ¿Debería permitírseme reproducirme?” El resto de pancartas, de izquierda a derecha: “Necesito beber alcohol para seguir viviendo. ¿Transmitiré mi adicción a otros?” “¿Estarían los manicomios y las cárceles llenos si gente como yo no tuviera hijos?” “No puedo leer este cartel. ¿Con qué derecho tengo hijos?”


Pero no sólo Alemania y los EE.UU. promulgaron leyes de este tipo: muchos otros países lo hicieron, de un modo u otro. De hecho, como puedes ver en el siguiente póster propagandístico del Tercer Reich, los propios Nazis ponían de manifiesto que no estaban solos, sino que muchas naciones tenían leyes eugenésicas. En la imagen puedes ver a una mujer con un niño en los brazos, mientras que un hombre detrás de ella sujeta un escudo con el nombre de la ley de esterilización obligatoria promulgada en Alemania en 1933. Alrededor se muestran las banderas de países que o bien tienen leyes similares o bien están estudiando crearlas. Por encima de ellos, el título, Wie stehen nicth allein“No estamos solos” 
Francis Galton en particular no tendría absolutamente ninguna duda: “diseñaría” niños sin enfermedades y con mayores capacidades que nosotros.pienso que lo haría con una motivación altruista, independientemente de lo que nuestra propia moral nos indique al respecto o las dudas que nos provoque (a mí personalmente me parece un dilema tremendo). El empeño de Galton era, al fin y al cabo, minimizar el azar y elegir el futuro de la especie a través de la selección artificial — y todo empezó al leer El origen de las especies y escuchar los debates al respecto en Oxford, especialmente el de Junio de 1860 entre Huxley y Wilberforce.

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